Boletín

 

 

 

 

 

Palabras del Pastor: “Un tiempo para Renacer” (2 Corintios 5:17)

 

Le saludo en el amor de Jesucristo:

 

Septiembre es sin duda uno de los meses más especiales del año. Celebramos fiestas patrias, la llegada de la primavera y el mes de la Biblia. Por esto, tradicionalmente nuestro país lo considera como uno de los meses mas esperados, con mayor alegría.

Creo que me sumo a ese sentimiento. Si analizamos bien, en esta época el invierno con su melancolía va quedando atrás y parece que el brotar de los árboles y las flores, sumado a la mejoría del clima, nos invita a tener un renacer como personas en todos los aspectos. Como que el mismo ambiente proclama el termino de un periodo gris y el comienzo de uno coloridamente mejor. En el fondo, da la impresión que hasta la naturaleza creada por Dios conspiran a favor para que enfrentemos los días con un mayor optimismo, con mejoras y cambios que manifiesten un progreso en toda la vida.

 

Permítanme aprovecharme de este análisis reflexivo del ambiente primaveral, para sumarme al llamado que el mismo hace. “Ha comenzado el tiempo de renacer” y debemos aprovecharlo. Así que, nuevamente les desafío a progresar, a hermosear nuestro entorno, a cambiar nuestras actitudes y a mejorar las relaciones con otros. Los invito a abandonar los malos hábitos y a cambiarlos por aquellos que provocan bendición. Y aún más, los reto a algo aún mayor, la esencia de todo lo anterior. Les desafío a “mejorar internamente”, a experimentar el nuevo nacimiento en Jesucristo (Juan 3: 3-21). Esto si redunda en cambios reales y visibles para todos.

 

He entendido que por mucho que el clima ayude a mejorar mi percepción de la vida o la mayor luz solar y el calor primaveral mejoren mi estado de animo, lo cierto es que, ningún cambio real vendrá como resultado de esto. Sepa usted que “Nada mejorará en su vida a menos que usted lo permita”. Desearlo no es suficiente, hay que trabajar para alcanzarlo. No hay avance tras un acto mágico. Lo cierto, es que nada garantiza resultados perdurables a menos que surjan de un proceso de esfuerzo consiente. Los cambios radicales y duraderos, son consecuencia de la transformación de lo mas profundo de nuestro ser.  Por esto, si usted los anhela, entonces debe renacer, es decir; nacer de nuevo, de lo alto, nacer del espíritu Santo de Dios.

 

Debemos aprender que, si mis pensamientos no cambian, tampoco lo harán mis actitudes. Las actitudes no son más que el reflejo de nuestros pensamientos y los pensamientos no son más que el resultado de lo que hay dentro de mi corazón. Si la transformación interna no acontece, entonces todo será un lindo, pero falso maquillaje pasajero que se desvanecerá nuevamente ante el primer día gris. Por esto, me atrevo a recomendarles que, si anhela tanto como yo, vivir los próximos días tal como una primavera frondosa donde brote la alegría y florezca la esperanza, entonces permita que renazca lo mas importante, “su corazón”. Si este cambia, también lo harán las intenciones que mueven toda su vida. Le aseguro que tal transformación traerá el mayor crecimiento que alguna vez haya experimentado.

Por esto, lo invito a experimentar una nueva, pura y real relación con Jesucristo. Es la génesis de toda nueva vida transformada. Renazca en Cristo y verá como éste y todos los días de su vida se transformarán en un anuncio permanente de esperanza, alegría y bendición.

 

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