Boletín

 

 

 

 

 

Como país e iglesia de Cristo, debemos hacernos cargo de esta realidad. Debo reconocer que lamentablemente, nos hemos acostumbrados a reaccionar antes que a prevenir. Solemos hacernos cargos tardíamente de aquellas verdades que suelen golpearnos con fuerza, incluso antes que las asumamos.

Este es justamente el caso de la inmigración en Chile.

 

En nuestro país estamos viviendo un proceso inmigratorio como nunca antes se había visto. Datos del Gobierno, a junio de 2017 hablan que en Chile existen alrededor de 961 mil inmigrantes, de los cuales, se calculaba que entre 250 mil y 300 mil se mantenían de forma irregular. Luego de un año a junio del 2018 se calcula que el número ya ha superado el millón de personas. El gobierno ha intentado hacer todo tipo de esfuerzos para regularizar su estadía, pero aún con todo aquello debemos asegurar que este es un proceso complejo y lento. Más allá de las estadísticas y el necesario orden que requiere el estado para abordar el tema, lo cierto es que ya existe una realidad que debe atenderse y con prontitud. Por lo mismo, debemos preguntarnos si ¿es bueno mantenernos como observadores de un fenómeno que se presenta aparentemente solo en lo socio cultura?, o si ¿ya es tiempo de ser parte activa de la solución? Me parece que es obvio que debemos comenzar a cumplir con nuestro deber.

 ¿Qué hacemos con los extranjeros que se han establecido a nuestro alrededor? ¿Qué hacemos con los hermanos que siendo extranjeros ya participan en la iglesia? Aunque aún no haya una política de estado clara o moderna que resuelvas estas preguntas, lo cierto es que nuestro Señor ha establecido en su palabra su propia política de acción efectiva. Lo extraordinario es que, la práctica de lo señalado en las escrituras, tanto en su pureza como por su simpleza en la acción, hace gala de lo efectivo de cada norma. Su práctica, no da pie para establecer comisiones burocráticas para desarrollarlas. El solo hecho de obedecer lo dispuesto por nuestro Señor, asegura beneficios incalculables.

Antes una pequeña aclaración ante como nos referimos a esto.

 

Hay Diferencia entre los términos emigrante, inmigrante y migrante

Emigrante, inmigrante y migrante suenan similares y parecen sinónimos, pero no son lo mismo. Si bien son tres términos asociados a los desplazamientos de personas, incluso a animales o plantas de un sitio a otro, debo explicar que no son conceptos intercambiables entre sí.

 

 Cuándo usar la palabra emigrante

Emigrante es aquel que abandona el país del cual es originario para establecerse en uno nuevo en el extranjero. El término se aplica tanto a personas como a animales y especies vegetales que se desplazan de un lugar a otro buscando mejores condiciones de vida. El emigrante, así, es aquel que se va de su lugar de origen.

 

Cuándo usar inmigrante

Inmigrante es aquel que llega a un país distinto de aquel del que es originario con el objetivo de radicarse en él. Según el diccionario también es aplicable el término a animales y plantas asentadas en un territorio diferente de aquel al que pertenecen.

 

Cuándo usar migrante

Es el concepto más genérico. Migrante es todo aquel que se traslada desde el lugar en el que habita o del que es originario hacia otro, diferente del primero. En este sentido, el concepto de migración contiene la idea del desplazamiento de un lugar a otro.

 

En resumen. La diferencia entre estos, depende del punto de vista: emigrante es el que se va, mientras que inmigrante es el que llega. El migrante, por su parte, es aquel que, simplemente, se desplaza de un lugar del que es originario a otro distinto. De modo que todo inmigrante y emigrante es, también, un migrante.

 

Cómo citar: "Diferencia entre emigrante, inmigrante y migrante". En: Diccionariodedudas.com. Disponible en: https://www.diccionariodedudas.com/diferencia-entre-emigrante-inmigrante-y-migrante/

«emigrante», «inmigrante» y «migrante» no significan lo mismo ...

https://www.fundeu.es/recomendacion/emigrante-inmigrante-migrante/

 

El Deseo de Dios:

Siempre ha sido el deseo de Dios que su pueblo se ocupe activamente de quienes llegan con distintas urgencias desde tierras lejanas. Prueba de ello, se manifiesta en las ordenanzas dadas a Israel en ley mosaica:

 

“Mostrad, pues, amor al extranjero, porque vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto”. Deuteronomio 10:19; 14:29; 24:19-21; 26:12-13; 26:11

“El extranjero que resida con vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto; yo soy el SEÑOR vuestro Dios”. Levítico: 19:10; 19:34; 23:22; 25:35

 

El desafío para la iglesia de hoy se ve en los siguientes pasajes neo testamentarios.

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis…” Mateo 25:35-44    Además le invito a leer 1 Timoteo 5:10;

3 Juan 5; hebreos 13:2

 

El fenómeno de la migración se está dando en muchas partes del mundo y las actuales políticas de los estados se han hecho absolutamente insuficientes para atenderlo.

¿Qué podemos hacer como Iglesia? No es tan complejo si vamos a la escritura y la obedecemos en plenitud. Por ser el deseo de Dios, esforcémonos por entender y “atender” al extranjero. En Maranatha, por ejemplo; ya estamos haciendo clases de español a los hermanos haitianos, (pronto comenzaremos un discipulado especial para ellos) hemos procurado atender la necesidad de abrigo, vivienda y trabajo para todos los migrantes que hemos conocido. El desafío no es menor, la iglesia de Cristo debe ser una verdadera ayuda para aquel que viene buscando mejores oportunidades a nuestro país. Hay responsabilidades para los inmigrantes, sin duda, como también para nosotros. Para ellos, sumarse a una sociedad procurando ser un aporte y para nosotros ser un verdadero aporte de bendición para sus vidas.

 

 

 

 

 

 

 

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